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Academia de Educación Acuática en Irapuato, Gto. | ACUATICS

Academia de Educación Acuática en Irapuato, Gto.


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¿Qué ha sucedido con los niños que regresaron a nadar tras el encierro?

  • 17/06/2021 03:19:00 p. m.
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El 17 de agosto de 2020 fue un día memorable para nosotros los que trabajamos en la educación acuática. ¡Regresamos a laborar! Con todos los protocolos, por supuesto, pero a trabajar. A volver a ofrecer nuestro servicio. A volver a recibir a personas que deseaban moverse en el agua, personas que tal vez tenían 5 o 6 meses “guardadas” en sus casas. Y la verdad, fue una grata sorpresa con lo que nos topamos. 


Muchos niños y adultos regresaron, y no solo había ganas de nadar, había entusiasmo por hacerlo. 


Había expectativa de qué sería volver a estar con otras personas, tocar y ser tocado, platicar de cerca (dentro de la alberca no hay sana distancia, ya que el COVID-19 se muere arriba de 3 ppm de cloro y tenemos 3.5 ppm en nuestra alberca).


Y la más grata sorpresa fue descubrir que los niños (los segundos más afectados por esta pandemia pues eran, después de los mayores, los que menos salían y menos actividades tenían) eran los más felices. (A los adultos mayores no pudimos recibirlos hasta el mes de mayo pasado.)


El entusiasmo es tal que los niños llegan temprano, con su traje de baño puesto, su toalla y sandalias. Se forman, entran a la alberca en orden, cuelgan su toalla y acomodan sus sandalias. Conviven con sus compañeros, con sus educadores. Juegan, aprenden, absorben conocimientos como esponjas en agua. Pero lo que más llena nuestro corazón de satisfacción es ver la felicidad en cada uno de esos niños que estuvieron 6 o más meses sin salir, sin tener la oportunidad de convivir con otros niños, de ir al parque, al zoológico, al cine. ¡Sin poder ir a a la escuela!


Y ellos han sido y siguen siendo los alumnos más felices, más obedientes, más puntuales y más entusiasmados que han regresado después de ese gran día que fue el 17 de agosto.


Trabajar con seres humanos así, no solo no es difícil, es de lo más satisfactorio. Llena el alma, llena la vista, llena los oídos, llena todo el espacio.


Un niño feliz aprende todo, y no solo aprende para sí mismo, contagia aprendizaje. Un niño feliz hace su trabajo con gusto. Y lo que cosecha en la escuela de natación ve resultados en casa, en las clases del colegio, en las relaciones con sus padres y hermanos. Son más tranquilos, tienen una mayor capacidad de concentración. Su agresividad (que se vio aumentada durante el encierro) se ve disminuida o nulificada.


Los niños felices contagian felicidad. Y nosotros, sus educadores acuáticos, agradecemos a la vida por tener este trabajo, y contagiarnos de felicidad.



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